Educar desde la infancia en la recogida de heces de perro

El pasado 26 de enero se celebró el Día Mundial de la Educación Ambiental, una efeméride que busca sensibilizar a las personas sobre la delgada línea que existe entre el desarrollo humano y la conservación del planeta; así como sobre la necesidad de fomentar desde la infancia la educación ambiental, una materia que se puede impartir en las aulas, pero que también podemos fomentar cada uno en nuestro día a día para ayudar a crear conciencia sobre la importancia de cuidar el medio ambiente, de proteger la flora y la fauna y de cuidar el entorno en el que nos movemos.

Y ese último punto, el de cuidar el entorno en el que nos movemos, lo consideramos en ADN Canino de gran importancia: porque con la educación ambiental tenemos la sensación de que muchas veces parece que hablamos únicamente de concienciar respecto a problemas de gran importancia y calado (cambio climático, invasión de plásticos, contaminación atmosférica, etc.); pero que, sin embargo, nos olvidamos de lo que ocurre a nuestro alrededor, en nuestro entorno más próximo, en las calles y caminos por los que nos movemos cada día.

Porque educación ambiental es reducir el consumo de plásticos, fomentar la compra de productos agroalimentarios de proximidad y de temporada, cambiar nuestra forma de movilidad por una más sostenible, dar prioridad al comercio de barrio sobre las grandes plataformas de ecommerce… Pero, ¿no es también educación ambiental recoger las heces de nuestros perros para tener unas calles más limpias y unas ciudades con una mejor imagen y que inviten a ser vividas sin tener la sensación de que caminas por un campo minado?

En ADN Canino estamos convencidos de que sí, de que eso también es educación ambiental. Es más, este debería ser el primer paso de la educación ambiental porque no hay mejor manera de generar conciencia en las próximas generaciones que empezando desde lo próximo, desde aquello que nos afecta de una forma directa y real en nuestro día a día. Y, en ese sentido, pocos problemas más acuciantes que el de la pandemia de heces que asola a muchos pueblos y ciudades en la actualidad.

¿Y cómo educar en la recogida de heces? Pues como en toda educación, no hay mejor herramienta que el ejemplo. Y es que no hay nada más difícil que convencer a alguien de las bondades de algo si hay una incoherencia entre lo que decimos (que hay que recoger las heces) y lo que hacemos (no recogerlas). Y los niños y niñas se dan cuenta antes que nadie de esas incoherencias. Si nuestros hijos e hijas nos ven desde pequeños recoger las heces de nuestros perros y, además, les explicamos por qué es importante esa recogida, es muy probable que el día de mañana sean ciudadanos con conciencia en ese sentido, vecinos que, de tener mascota, valorarán la importancia de esa recogida para mejorar el aspecto de las calles y la convivencia.

Parece una nimiedad, lo sabemos, pero por pequeños actos cotidianos y con impacto directo en nuestras vidas como la recogida de heces de los perros se empieza a construir la conciencia medioambiental de las generaciones futuras